De estas veces que niegas algo. Aunque parezca verdad, aunque todas las pruebas indican que es verdad, sólo porque confías en esa persona. Y confías en que no será tan idiota, que no te decepcionará así. Que todo el mundo se equivoca excepto tú. Y aún así, sabes que lo más viable, lo más probable, lo más absolutamente razonable, es que tengan razón y no lo quieras admitir. Por miedo. Miedo a no conseguir lo que siempre te has propuesto: Hacer feliz a todo el mundo a tu alrededor. Y ha llegado ese momento que tanto has temido. Ha llegado el momento en el que dos situaciones son opuestas. Y tienes que decidir a quién hacer feliz.
¿Sabrás hacer esta decisión? Claro que sabrás, no te queda otra, pero... ¿Lo harás bien?
Por eso, por todo este miedo, confías en que los demás estén equivocados. En que sólo tú tienes razón. En que eres superior a los demás. Pero en el fondo, en el verdadero fondo, sabes que no es verdad. Sabes que tienen razón, aunque nunca lo reconocerás. Eres mejor que eso.
Bueno, esta ha sido la primera vez que he escrito exactamente lo que siento. Necesita una revisión, acabo de escribirlo y estoy saturado.
Si ve María que he escrito algo en segunda persona me mata. Con las veces que lo he criticado. Pero me ha salido solo.
Pero siempre nos pasa lo mismo, negaremos una y mil veces, aunque lo estemos viendo con nuestros propios ojos sólo porque queremos creer lo contrario. Porque una idea absurda nos dice que las cosas no son así.
ResponderEliminarNos damos cuenta cuando abrimos los ojos y nos pegamos la hostia